Hay quien hace un crucero por el dolce far niente, quien aprovecha este transporte para ver mundo, y quien decide subirse al barco por el mero placer de navegar. Pero a partir de ahora habrá quienes se embarquen para disfrutar de la alta gastronomía. Nada más volver de su viaje inaugural, NCL Prima es ya el crucero más grande de la industria, el que ofrece el mayor espacio de cubierta al aire libre y los alojamientos más amplios de todos los barcos de nueva construcción. Un crucero vanguardista que cuenta, entre sus múltiples atractivos, con una oferta culinaria de tintes internacionales única en su especie concebida para ampliar los límites de la cocina tradicional. Un total de 35 comedores que actualizan las principales ofertas gastronómicas de NCL en un sorprendente atrio de tres niveles, que incluye el primer bar de vinos y cócteles sostenibles, The Metropolitan, y el exclusivo restaurante especializado en mariscos mediterráneos, Palomar.

Hay rosados de alta costura, incluso de guarda, que mezclan la elegancia provenzal con la frescura y la identidad del terroir y que son perfectos para beber en verano. Rosados, en definitiva, por los que merece la pena pagar un poco más.

"Bebo cuando estoy feliz y cuando estoy triste. A veces bebo cuando estoy sola. Si tengo compañía lo considero obligatorio. Coqueteo con él si no tengo hambre y me lo bebo cuando la tengo. De lo contrario nunca lo toco, a menos que tenga sed". Las declaraciones de Madame Bollinger para el London Daily Mail en 1961 no han perdido significado con los años. Al contrario, se mantienen más actuales que nunca. Está demostrado que una botella de champán en una mesa invita a extender una conversación, la hace incluso más locuaz y, entre muchas otras cosas, anima a pedir la segunda. Lo decía Dickens, "el champagne es uno de los extras elegantes de la vida". Es la elegancia en sí misma. El estilo y también la extravagancia. El champán es el vino más valorado en cualquier lugar del mundo y en cualquier momento, a plena luz del día o bajo la luna, para celebrar un éxito o para aceptar una derrota. Pero como todo lo bueno de esta vida, hay que aprender a apreciarlo.

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